Ofrece lo que eres.


 

En los últimos meses, un pensamiento, que tiene trazas de convertirse en decreto ley personal, recorre mi cabeza. Provocado por mi impaciencia, o mi exigencia, o mi intolerancia, este pensamiento y su puesta en práctica reafirma mi condición y mi ser. Me reconforta. Así soy.

No me asusta pensar que soy intolerante con lo que no tolero. Tampoco me da miedo exigir de los demás lo que yo ofrezco. Y ya no me importa no esperar a quién no me busca, porque la vida avanza más y más rápido. Y es que reconozco mucho mejor mi persona a cada paso. Y lo que queda.

Ofrezco lo que soy, hasta dónde me reconozco. Sin más. Busco de tu parte lo mismo. Y si no lo tengo, no te quiero. Suena rotundo y arrogante, pero así lo siento.

Como sabéis, en muchos de mis artículos relaciono el marketing con la vida. Una vez más en mis palabras de hoy busco esta paridad y cada vez la siento más nítida.

Me reafirmo diciendo que el marketing no es apariencia, no es mentir, no es no decir la verdad. Es conocerse y ser fiel a uno mismo, mejorar (siempre se puede) y comunicar lo que puedes ofrecer. Identificar lo que define a tu negocio es el paso más importante. Y además, después de identificarlo debes mejorar para superar a quién compite contigo. Nada fácil. Cuando lo logres, muéstrate firme con lo que eres y encuentra a quién sepa valorarte. Habrás triunfado.

Y es que en la vida personal, a diferencia de los negocios, yo no compito con nadie. Pero si busco, al igual que a nivel profesional, mi triunfo: mi felicidad.

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